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Eva Forest nació en 1928 en Barcelona, en el seno de una familia anarquista. Su padre consideraba la escuela como una institución represiva por lo que no fue a la escuela; su infancia se desarrolló entre el gran jardín de la casa y el estudio de su padre, que era pintor. En 1936 muere su padre y empieza la Guerra Civil. En 1939 es ingresada en una guardería de ayuda a los niños de España creada con ayuda suiza.
Al finalizar la Guerra Civil fue por primera vez a la escuela. Después cursa el Bachillerato en el Instituto Maragall de Barcelona se trasladó a Madrid a estudiar medicina. El último año de carrera conoció a Alfonso Sastre, con quién se caso
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DOMINICANA /JUNIO 2007
Eva Forest, una joven inmortal.
Compilado por: Olga González Montes
Hay dos motivos por los que resulta muy difícil creer –y tanto más difícil cuanto más real e irremediable es el hecho- que Eva Forest haya muerto: el primero es que era inmortal, el segundo es que era demasiado joven. Que una joven inmortal muera, mientras tantos despojos corrompidos alientan contra el mundo, mientras los muertos matan y gobiernan y sobreviven a su conciencia, quizás no es indicio suficiente para probar una conspiración pero sí para iluminar del modo más doloroso cuánto la necesitábamos y cuánto la vamos a echar de menos. Era tan inmortal que ningún torturador habría podido ofenderla; era tan joven que ningún rebelde habría podido adelantarla.
No hablaré de todo lo que personalmente debo a Eva sino de lo bien que supo escoger todas sus batallas. Alguien dirá que Eva Forest sólo apoyó causas perdidas; sólo apoyó más bien las que merecen ganar y las que, por tanto, es arriesgado apoyar. Hace año y medio, en un texto sobre los intelectuales y el compromiso, Eva explicaba lo que ocurre cuando uno toma conciencia de los torcidos entuertos de este mundo, esa terrible transparencia de la que no hay ya retorno posible y cuyo fogonazo obliga a asumir después la responsabilidad sobre los propios actos y, por supuesto, sobre los propios silencios. Cuando se sabe, cuando se está en la posición del saber, ya no se puede ser neutral sin ensuciar aún más el fango; ya no se puede ser inocente sin dañar aún más a los que no son culpables. Creo que a Eva le daba mucho miedo el silencio; nació con la conciencia puesta y comprendió enseguida que no había mayor intervención, ni más violenta, que la de reprimir una protesta y permitir que las cosas sigan su invariable compás de injusticias y exterminios. En un mundo en el que los muertos entierran a los vivos, los que callan ofician de sepultureros; los que se rebelan mueren siempre demasiado jóvenes para llegar a tiempo a todas las liberaciones. Eran muchos los lugares: Euskal Herria, Cuba, Venezuela, Palestina, al final de su vida ese Iraq cuyo dolor compartíamos y sobre el que escribió y editó libros propios y ajenos, atada como estaba, fuera de esos matices que empañan la visión, a la suerte de las víctimas del imperialismo en todos los rincones del planeta. Sólo los niños sufren tan intensamente el dolor ajeno; sólo los sabios lo comprenden tan bien; sólo los valientes se rebelan contra sus causas. Todas estas virtudes se reúnen raramente en un solo cuerpo; pero basta desgraciadamente una sola muerte para llevárselas todas de una sola vez.
En un reciente homenaje a otro gran luchador comunista, Eva Forest escribió, como adelantando todo lo que hay que decir sobre ella: “Recoger los sueños de nuestros muertos y convertirlos en arma creadora que perfora imposibles y horada utopías en busca de nuevos caminos que aceleren el proceso de humanización, ¿no es ya el mejor homenaje?”. Eva Forest ha muerto a los 78 años con toda la vida por delante; ha muerto, mejor dicho, con varias vidas por delante y el único homenaje que nos pide, el único que podemos ofrecerle, es el de vivirlas a partir de ahora en su lugar. No hay un paraíso –ni siquiera un infierno- donde vayan los “rojos” a conversar y voltear revoluciones derrotadas. Tenemos que seguir viviendo, conversando y rebelándonos con Eva en este mundo, ése que ella amó hasta el extremo de hacernos creer que nunca iba a abandonarlo y ese también que combatió hasta el punto de conservar las fuerzas de la juventud hasta la última batalla. La última y la única que perdió.
La edición digital del periódico Berria, anunció el fallecimiento de la escritora y editora Eva Forest, y hoy 20 de mayo ha tenido lugar la incineración de sus restos mortales, en la intimidad. Forest tenía 79 años y vivía en Hondarribia junto a su marido, el escritor Alfonso Sastre.
Su trabajo se centró en el compromiso activo contra la injusticia y en la lucha a favor de los derechos humanos. A raíz de ese compromiso creó en 1990 uno de sus proyectos más queridos, la editorial Hiru. Su objetivo era "dar a conocer los trabajos de los autores que escriben fuera del mercado de las grandes editoriales y del pensamiento vigente" mediante libros de bolsillo.
Entre sus libros más conocidos se cuentan Operación Ogro (Hendaia, 1974), Diario y cartas desde la cárcel ( Paris, 1975), Tortura y Democracia (1987) o Proceso al jurado (Hondarribia 1997). Ver toda la bibliografía.
Aunque era catalana de nacimiento, tenía una estrecha relación con Euskal Herria y residía desde hace 30 años en Hondarribia. En 1970, en pleno Proceso de Burgos fundó el Comité de Solidaridad con Euskadi en Madrid. En 1974 escribió Operación Ogro (basado en el asesinato del almirante Carrero Blanco por parte de ETA) bajo el seudónimo de Julen Agirre. Fue detenida, torturada y pasó tres años en la cárcel acusada de ayudar a ETA, aunque después quedó libre sin juicio.
Fue, además, senadora de Herri Batasuna. La Diputación Foral de Gipuzkoa compró en el año 2000 "la biblioteca" de Alfonso Sastre y Eva Forest, más de 15.000 obras, entre monografías y revistas.
Biografía
Eva Forest nació en 1928 en Barcelona, en el seno de una familia anarquista. Su padre consideraba la escuela como una institución represiva por lo que no fue a la escuela; su infancia se desarrolló entre el gran jardín de la casa y el estudio de su padre, que era pintor. En 1936 muere su padre y empieza la Guerra Civil. En 1939 es ingresada en una guardería de ayuda a los niños de España creada con ayuda suiza.
Al finalizar la Guerra Civil fue por primera vez a la escuela. Después cursa el Bachillerato en el Instituto Maragall de Barcelona se trasladó a Madrid a estudiar medicina. El último año de carrera conoció a Alfonso Sastre, con quién se caso en diciembre.
En 1956 Alfonso Sastre fue procesado y se fueron a París, donde nació su primer hijo. Abandonó la medicina y empezó a interesarse por la sociología. Allí escribió su primera novela Febrero
En 1962, de vuelta en el Estado Español, fue detenida en una manifestación de mujeres en apoyo a las huelgas de los mineros de Asturias. Al negarse a pagar la multa ingresa en prisión con su hija recién nacida.
El Estado de Excepción de 1968 fue un periodo de un gran activismo solidario. Con otros compañeros editaron un boletín clandestino de noticias: "Información", que circuló con regularidad durante años, y "Estado de Excepción", hoja informativa que llegó a alcanzar una gran popularidad.
En 1970, durante el proceso de Burgos, creó el Comité de Solidaridad con Euskadi en Madrid. En 1974 fue detenida, torturada y encarcelada por escribir Operación Ogro salió de la cárcel el 1 de junio de 1977, sin que se realizase juicio alguno. Durante los años posteriores realizó infinidad de viajes y ofreció conferencias en Europa y América sobre los derechos humanos.
En 1998 viajó a Irak por primera vez, viaje que le inspiró para escribir un libro sobre lo que sucedía. Hasta el día de hoy, ha continuado viajando y dando conferencias por todo el mundo. De esos viajes han quedado para la historia sus libros.
Agradecimientos a Satiango Alba y a EITB24 canal vasco de noticias.
Click aqui para ver su página web: http://www.sastre-forest.com/
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