JULIO / 2007
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Walt Disney pervirtió la literatura infantil", reclama Irene Vasco, tallerista y escritora de libros para niños, quien opina que les quitó la esencia y la complejidad tanto a las historias como a los personajes. "Los volvió personajitos que cantan cancioncitas, los despojó de la grandeza y el carácter que el autor les dio".
 
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NEW YORK /JULIO 2007

 

Clásicos Resucitados
Maria Escobar

 

EL TEXTO DE CAPERUCITA ROJA, escrito por Charles Perrault en 1697, habla de un perverso lobo que disfrazado engaña a una niña haciéndose pasar por la abuela de ella. Cuando la niña entra a la habitación, el lobo le dice desde la cama: "Pon la tortilla y el tarrito de mantequilla sobre la hucha, y ven a echarte conmigo". Entonces Caperucita se quita la ropa y va a acostarse debajo de las cobijas, al lado del lobo. La niña duda un poco y comienza a opinar sobre las piernas y las orejas tan largas que tiene su abuela. Y el lobo responde que son para poder correr y escuchar mejor. Al final, Caperucita se sorprende: "¡Mi abuelita, qué dientes tan grandes tiene!". Y el lobo contesta: "Son para comerte". "Y diciendo estas palabras -termina el cuento-, este lobo malvado se lanzó sobre Caperucita, y se la comió".

En el relato original no hay leñador que saque a la abuela de la barriga del lobo y ni siquiera Caperucita se salva de las fauces de la bestia. Las edulcoraciones, que incluso ocultaron que la niña se desnudaba y se metía en la cama con el lobo, llegaron tiempo después, generadas por el deseo de padres, maestros y editores, de proteger a los niños. El campeón mundial de la dulcificación de los clásicos fue Walt Disney, que llevó a la pantalla gigante cintas como La Bella Durmiente, La Cenicienta y Blanca Nieves con la satisfacción de haberlas podado de la violencia, el castigo y la venganza contenida en los cuentos originales.

"Walt Disney pervirtió la literatura infantil", reclama Irene Vasco, tallerista y escritora de libros para niños, quien opina que les quitó la esencia y la complejidad tanto a las historias como a los personajes. "Los volvió personajitos que cantan cancioncitas, los despojó de la grandeza y el carácter que el autor les dio", dice. Según la escritora, así es muy fácil que Pinocho sea visto como un ser débil y hasta tonto, cuando en el cuento de Carlo Collodi, su autor, era un muñeco ambicioso y decidido.  Si el pretexto era ocultar la violencia y los castigos desmedidos que sufrían los protagonistas, las soluciones no son menos dramáticas que las de la Biblia. "Los castigos en Caperucita Roja y Barbazul son terribles -explica Vasco- pero la gente olvida que esos textos eran utilizados para advertir a la comunidad, no sólo a los niños, de las consecuencias de no seguir las reglas. Exactamente lo mismo pasa en la Biblia con los castigos como los de Las siete plagas de Egipto, el Diluvio y Sodoma y Gomorra".

Sin embargo, en una época en que la literatura infantil se ha sacudido de los empalagos para tratar temas tan duros como el secuestro y el desplazamiento, por ejemplo, los cuentos de antaño han revivido con toda su vigencia. Así, un cuento como el de Caperucita Roja de Perrault cobra una actualidad escalofriante ahora que el abuso sexual contra menores se ha destapado como uno de los dramáticos problemas sociales.

Algo similar ocurre con Piel de Asno, que habla de un rey que, al morir su esposa, decide casarse con su propia hija; y con Hansel y Gretel, los niños que son abandonados en el bosque por su padre porque no tiene cómo alimentarlos.

En este sentido, los cuentos clásicos no han hecho sino nutrir la imaginación de los autores modernos para llegarles a los niños con temas cada vez más cercanos a su realidad y sin tamices almibarados. Entre otras cosas, porque a los niños de ahora no es tan fácil ocultarles algo. Según Beatriz Helena Robledo, subdirectora de lectura y escritura de CERLALC, durante varios siglos el niño fue concebido como un adulto en miniatura al que había que llevar por el camino del bien. Pero luego, a comienzos del siglo XX, la tendencia fue idealizarlos (no sin razón los niños eran llamados angelitos), al punto de protegerlos de las realidades del mundo. "Hoy llegamos a un momento en el que lo que se cuenta está más cerca del niño real, ese que está expuesto a todo, tiene acceso a los medios de comunicación y ya no está separado de los espacios sociales".

En un panorama como este el abanico de la oferta editorial infantil se ha ampliado con temas que hablan de forma directa de la realidad. Los escritores hablan de racismo, divorcio, adopción, secuestro, homosexualidad, discriminación, trabajo infantil, desplazamiento, desaparición de los seres queridos, marginación, delincuencia y pobreza entre otros muchos otros asuntos. "No es que estemos haciendo literatura al servicio de estos temas -explica Cristina Puerta, del área de literatura infantil y juvenil de Norma-, pero no cabe duda de que los libros son el mejor vehículo para discutir los temas complejos sobre los que, de todos modos, los niños están preguntando en clase".

A María Fernanda Paz Castillo, editora de libros infantiles de Ediciones B y coeditora de Babel Libros, le gusta citar a Maurice Sendak, padre del álbum infantil, cuando dice que los niños tienen un cerebro salvaje que necesita ser alimentado. "Los niños no son seres débiles, como la gente cree. Los libros que uno compra, hace o lee, responden a la concepción que uno tiene de ellos".

Y Vasco agrega: "Los niños tienen montones de cosas en su mente. La literatura lo que hace es sacar de adentro los fantasmas, confirmar que esos temas son colectivos y que es posible hablar de ellos". Lo importante, insisten los especialistas, no es el tema, sino el tratamiento que se le dé. Y en este sentido, algunos clásicos que se habían echado de menos, tienen todavía mucho de qué hablar.

LA MORALEJA DE CAPERUCITA

"Vemos aquí que los adolescentes y más las jovencitas elegantes, bien hechas y bonitas, hacen mal en oír a ciertas gentes, y que no hay que extrañarse de la broma de que a tantas el lobo se las coma. Digo el lobo, porque estos animales no son todos iguales: los hay con un carácter excelente y humor afable, dulce y complaciente, que sin ruido, sin hiel ni irritación, persiguen a las jóvenes Doncellas, llegando detrás de ellas a la casa y hasta la habitación. ¿Quién ignora que lobos tan melosos son los más peligrosos?". Tomado de Cuentos de antaño, ANAYA, Madrid, 1983, traducción de Joëlle Eyheramonno y Emilio Pascual.



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