COSMOBIOLOGIA
Lección
II de Elementos Básicos de Cosmobiología
tal y como se la transmitió el Jñàni
Diksha Sat Arhat Dr. David Ferriz Olivares,
a su Discípulo, el Respetable Bháva
Jñàpika Satya Gurú.
Jamás
tendremos derechos reservados o prohibido reproducir
las enseñanzas que presentamos. Pero,
rogamos respetarlas, no sobrescribirlas ni darles
absolutamente ningún costo. El Maestre
Ferriz no les dio costo alguno, ni en forma
de cursos (siempre dio cursos sin costo), ni
en ninguna otra forma. Pedía no ser horoscopístas
y llamaba a la horoscopía: “El
nivel más bajo de la Cosmobiología.”
E.
B. C. –Lección II Pág. 1
HISTORIA
(1)
INTRODUCCIÓN
Hacia
el año 1000, la Ciencia era Árabe.
Es la época en la cual Harkem II, Califa
de Córdoba hace construir escuelas para
que los niños pobres puedan ser instruidos
gratuitamente. No se trataba de venir en ayuda
solamente de aquellos de raza Mora, sino más
bien de asistir al pueblo de cualquier raza
o religión que fuese.
Así,
España contaba con 27 nuevas Escuelas,
mientras que en todo el resto de Europa los
mismos eclesiásticos no sabían
leer y escribir... Hubo igualmente la fundación
de una biblioteca con 400.000 volúmenes.
En fin, esa España Mora se convirtió
en el país de las maravillas, las comarcas
de los Misterios, del Saber y de las riquezas
en todos los dominios. El Obispo Álvaro
de Córdoba, se quejaba: “Mis correligionarios
descuidan totalmente el Latín. Por el
contrario, leen con avidez poemas y cuentos
árabes...”
La
tolerancia de los príncipes árabes
es legendaria; ellos tenían un profundo
respeto de todas las otras religiones, dado
lo cual se vio rápidamente la influencia
de su civilización sobre toda Europa.
La Universidad de Córdoba no estaba abierta
solamente a los musulmanes y a los miembros
de los partidos del Imperio Islámico,
sino a todos, ya fueran judíos o cristianos.
Los
árabes adoptaron el sistema de numeración
hindú, incluyendo el cero que los babilonios
habían utilizado también. Es así
que nuestras cifras que nosotros llamamos cifras
“árabes” (para diferenciarlas
de las cifras “romanas”), fueron
introducidas por el monje Gerbert (quien estudió
en Córdoba, pero fue seguramente iniciado
en los Colegios Esotéricos).
Pastorcillo
de Auvernia, a mediados del siglo X, fue advertido
por el sabio Abad Clemente y muy rápidamente
se hizo monaguillo en Aurillac; no quedó
allí mucho tiempo y no solamente se escapó
del Convento, sino que aún dejó
Francia para ir a España y más
tarde a Roma; después en 972, enseñó
en Reims donde durante una decena de años
trabajó mucho las matemáticas
y escribió igualmente. Parecía
querer instalarse entonces en Francia y tomó
aún parte en diversos movimientos, ayudando
también a Otón III a subir al
trono; es por eso que fue grandemente gratificado
y se le nombró Arzobispo de Reims. Accedió
en fin, en 999 a la Santa Sede, bajo el nombre
de Silvestre II (se le llama a menudo el Papa–Mago).
Se dice que él habría inventado
un reloj a ruedas (997), pero lo que es cierto
es que ha dado numerosas obras de alquimia,
de astrología y de magia.
Otro
nombre importante en astrología es el
de Regiomontanus, que es en Latín la
traducción del lugar de origen de Johannes
Muller, nacido en Fraconia, Konigsburgo (en
latín Regio–montanus).
-286-
El
Magister Purbach tomó en 1454, el lugar
de su maestro Johannes von Gmunden en la Dirección
de la Universidad de Matemática de Viena.
J. Muller de Konigsburgo vino a reunirse con
su maestro Purbach a fin de observar juntos
el Cielo. Trabajando en común fueron
llamados a Roma para un trabajo importante (traducción
del manuscrito griego “El Almageste”).
Inútil es decir que ese Tolomeo en el
texto original les interesaba en sumo grado,
pero apenas habían aceptado, Purbach
murió, antes de haber podido siquiera
comenzar el trabajo. Regiomontanus tuvo derecho
a toda la herencia de su maestro y recogió
de ese modo las notas, los aparatos y se fue
a Roma a hacer el famoso trabajo. Viajó
después a Venecia, a Padua, etc... y
al fin, a Viena, cuando el rey de Hungría
(Matías Corvinus) lo llamó para
establecer nuevas Tablas astronómicas.
Recibió una hospitalidad principesca
y pudo trabajar con toda comodidad fabricando
también instrumentos de observación
y convirtiéndose en el Consejero y Astrólogo
del Rey.
Más
tarde vino a instalarse en Nuremberg, donde
construyó su observatorio y montó
su propia imprenta así como su propio
taller de instrumentos astronómicos.
Sus obras tuvieron mucho éxito y sus
“efemérides” tuvieron ecos
cerca del Papa Sixto IV quien le pidió
ir a Roma para reformar el calendario; desgraciadamente,
Regiomontanus murió (el 6 de Julio de
1476) sin haber podido comenzar su trabajo (tenía
apenas 40 años).
E.
B. C. –Lección II Pág. 2
Claudio
Tolomeo, el astrónomo griego, nació
en Tolomaeus (Alto Egipto) en el siglo II. Él
consideraba a la Tierra como el centro del mundo
(al menos en esos trabajos, lo cual era quizás
una consideración en el sentido de la
facilidad de sus enunciados, pero quizás
también tenía el conocimiento
del movimiento heliocéntrico).
Platón
enseñaba la rotación cotidiana
de la Tierra y Plutarco confirma que Platón
no consideraba a la Tierra como centro del Todo,
dando ese lugar a un astro mejor... Platón
es quizás por consiguiente, el primero
que ha manifestado claramente la existencia
del sistema heliocéntrico. Un siglo más
tarde, Aristarco de Samos retomó esa
idea de Platón es de allí que
Copérnico, mucho más tarde, tomó
su experiencia. Los escritos de Aristarco de
Samos se han perdido, pero las pruebas de esa
frase de Plutarco es completada todavía
por una citación de Arquímedes:
“Aristarco expone en principio que la
Tierra gira alrededor del Sol, tomándolo
como centro”.
En
“El Hombre en su persecución del
Tiempo” (pag. 82), Helga Pohl, escribe:
“Cuando los cristianos empezaron a establecerse
por todas partes, la acumulación de conocimientos
científicos en el Museion les molestaba
considerablemente. Y un día, la Biblioteca
de Alejandría quemóse de arriba
abajo. El Arzobispo Teodosio, con una banda
de fanáticos hacía su obra...
Y cuando la sabia Hypatia (1) que ocupaba la
cátedra de matemáticas, fue torturada
y llevada a la muerte bajo la orden el Patriarca
(1)
Hypatia: filósofa y matemática
griega, nacida en Alejandría (370–415),
hija de Theón de Alejandría.
-287-
Cirillus,
los sabios que habían ejercido hasta
ese día sus funciones en Alejandría,
fugaron en todas las direcciones y el lugar
donde florecía la Ciencia se convirtió
entonces en un desierto...”.
Es
flagrante que todos aquellos que han venido
a presentarse en nombre del progreso y con la
misión de preparar a los pueblos, hablasen
de un mensaje de reeducación del mundo
al mismo tiempo que destruían las pruebas
del Saber (César, él solo, destruyó
500.000 rollos de papiros).
Alejandría
era una gran plancha girante que reunía
toda Babilonia, Egipto y Grecia. El “Serapeion”
era la biblioteca más grande del mundo,
y el “Museion”, el centro del más
grande Saber.
Erastóstenes,
ese Espíritu Universal, era el Director
de la Biblioteca. En el Museion, Euclides trabajaba
su geometría y Arquímedes su esfera
(ese globo celeste movido hidráulicamente
mostrando los movimientos de los planetas).
Es en Alejandría que Eratóstenes
fundó la geografía científica;
Hiparco (de Nicea), la astronomía científica;
Herófilos, la medicina científica,
Erasistrato continuó sus trabajos poniendo,
de una manera general, la medida del tiempo
al servicio de la medicina.
Propósitos
Psicológicos Volumen III Tomo XVIII Dr.
Serge Raynaud de la Ferrière.
Versión
de su Discípulo Modelo el Dr. David Ferriz
Olivares. Páginas: 285 a 287
Así,
las cuatro grandes fechas que marcan las estaciones
(Primavera, Verano, Otoño e Invierno)
que están caracterizadas por la entrada
del Sol en los signos cardinales, Cordero, Cangrejo,
Balanza y Capricornio, no pueden más
ser admitidas científicamente como siendo
el 21 de Marzo, 22 de Junio, 21 de Septiembre
y 22 de Diciembre.
-312-
Esta
consideración había sido aceptada
ya en otra ocasión; es así que
el 22 de Diciembre, fecha tan importante en
el signo del Zodiaco (cero grados del signo
Macho Cabrío) sirve para señalar
no solamente el solsticio de Invierno, sino
el punto culminante, como la cima del Zodiaco,
parece estar predestinada a simbolizar el nacimiento
del Cristo Jesús. En efecto, ese “Zenit”
zodiacal, el emblema de la Cruz, presenta su
cabeza cuyo pie estaría en el punto que
caracteriza el solsticio de Verano (cero grados
del signo del Cangrejo) y los brazos que reposan
sobre los puntos marcados por los equinoccios
de Primavera (cero grados del Cordero) y del
Otoño (cero grados de la Balanza). El
Gran Mesías tan esperado no podía
nacer sino con una tal posición solar,
iluminando el mundo zodiacal como su Palabra
habría de traer la Luz a los Hombres.
No
obstante, esa célebre natividad no podía
ser una fecha fija puesto que ella simbolizaba
tanto el nacimiento de un Mesías para
los hombres, como una llamada al Cristo Cósmico;
por ello, la festividad a respetar
E.
B. C. –Lección II Pág. 3
fue
sobre todo la entrada del Sol en el signo de
Capricornio (Macho Cabrío). Ahora bien,
si en aquella época el Sol se presentaba
en el grado cero del signo del Macho Cabrío,
el 22 de Diciembre, setenta y dos años
más tarde, se trataba del 23 de Diciembre;
ciento cuarenta y cuatro años más
tarde, el Sol no alcanzaba ese punto del solsticio
sino el 24 de Diciembre y doscientos diez y
seis años después de ese gran
acontecimiento, el Sol no se presentaría
delante de ese “grado crístico”
sino el 25 de Diciembre. Así cada 72
años, la fiesta de Navidad era retrasada
un día; desgraciadamente la Iglesia de
Roma, que había dado ese primer ejemplo
de respeto científico en la simbología,
creyó en una cierta época que
debía “estancarse” sobre
la fecha en uso y es desde entonces que toda
la cristiandad festeja la ceremonia de navidad
en una fecha que de todas maneras se funda en
nada preciso.
En
efecto, las verdaderas festividades iniciáticas
habrían debido respetar esa “Cruz”
que se presenta desde siempre en el Zodiaco,
pero únicamente observando (no las fechas
de los diversos calendarios que son cambiables)
los 4 puntos fijos formados por los Ejes: Equinoccios–Solsticios.
-313-
Más
ay! desde el tercer siglo, la Iglesia Apostólica
romana creía útil ya tomar medidas
contra los “Astrólogos” (9).
Por otra parte en el año 295, Dioclesiano
había adoptado también varias
medidas de represión con respecto a los
“iniciados”. En su expedición
militar para dominar al Egipto sublevado, ordenó
tomar los libros de Ciencias Ocultas y quemarlos.
La misma idea hizo lanzar una Ley contra los
Astrólogos (quedada sin vigor evidentemente),
pero que insertada en el Código Justiniano
ejerció desde entonces una cierta influencia
sobre los Padres y sobre su conducta en lo que
concierne a las Ciencias Ocultas (Doctrina Esotérica,
Tradición Iniciática, Arte Sagrado,
en una palabra la Magia en su sentido de “Magisterio”
o Dominio sobre el plano de los Altos Estudios
Espirituales: la Verdad Eterna).
(9)
Se calificaba así a los matemáticos,
a los médicos, a los filósofos
y a todos los iniciados que no se conformaban
con la teología de la época. Son
sin embargo esos mismos “Astrólogos”
quienes habían advertido el nacimiento
de un Mesías (se sabe que los 3 Magos
son el emblema de los 3 Colegios iniciáticos:
ellos simbolizan también las 3 Ciencias
Sagradas: Astrología, Qabbalah, Magia).
En Oriente, los Astrólogos son los encargados
desde siempre de advertir la llegada de los
Cristos, Avatares y otros Grandes Instructores;
los “Budas” son aún así
anunciados. En el Tíbet, los “nienches”
indican el lugar y la familia en la cual el
futuro Dalai–Lama reencarnará.
E.
B. C. –Lección II Pág. 4
(2)
No
olvidemos nunca que aquello que fue conocido
hace millares de años se perdió
y se olvidó y ahora es que la ciencia
va recuperando sus conocimientos perdidos; nuestros
físicos modernos son de hecho brujos,
y si bien la radio, el radar, la radioactividad,
etc., podrían haber sido calificadas
de hechicería hace dos o tres siglos,
en cambio ciertamente no asombraría a
los Sacerdotes de ON (que los griegos han llamado
Heliópolis) o a los Iniciados de hace
20.000 o 30.000 años. Esa magnífica
ciencia llamada Guametría deformada en
vaga numerología es una prueba de la
decadencia científica; así como
la pobre “ciencia natural” que nos
ha quedado en vez de la síntesis del
conocimiento de los seres llamada en aquella
época fisiogonía. También
está la célebre alquimia que permitió
a los incas la manuabilidad del oro, a los egipcios
la coloración del cristal, a los chinos
el tinturar
-99-
las
telas, en los Templos de la Atlántida
conocer la electricidad, etc., y que se ha transformado
en la “química” de los tiempos
modernos que se pierde en la fabricación
de productos para inficionar la tierra, deteriorando
nuestros productos alimenticios y teniendo como
consecuencia las muertes prematuras, sin hablar
de los “bellos inventos” para aniquilar
las muchedumbres más rápidamente
con las máquinas de guerra siempre listas
a ser empleadas “con un buen motivo”.
Se
le tiene admiración al célebre
zodíaco de Tentira (escrito a veces Denderah)
o al famoso calendario azteca, pero, no precisamente
por comprender (realizar) el completo conocimiento
de sus autores, pues no se trataba para los
astrólogos de la antigüedad de “predicciones
del porvenir” (que no era más que
una pequeña sección comprendida
por los pequeños profetas), sino que
el título de astrólogo implicaba
los conocimientos de la astronomía, de
la medicina, de la alquimia, de la filosofía,
etc.... La parte esotérica de la ciencia
astrológica es la base de todas las religiones,
y así se trate de las 12 tribus de Israel
(en relación con los 12 signos del Zodíaco),
o de las 12 puertas de la nueva Jerusalem, o
de los 12 hijos de Jacob, o de los 12 Apóstoles
de Jesús (quien tuvo 72 instructores
con relación a los 72 semidecanos del
Zodíaco y 360 afiliados simbolizando
los 360 grados del círculo zodiacal),
por todas partes se encuentran los valores correspondientes
a los 24 medios signos, a los 7 planetas o a
los 4 signos fijos (Toro-León-Aguila-Aguador),
como están tan claramente mencionados
en el Apocalipsis IV, Vers. 4, 5, 6 y 7 o en
el libro de Ezequiel I, Vers. 5 y 10.
En
el mundo occidental la astrología fue
preservada naturalmente por las autoridades
religiosas; los Papas, los cardenales, los prelados,
la predicaron y enseñaron hasta la Edad
Media, época en la que se produjo una
decadencia y parece que desde entonces la astrología
ya no fue muy bien comprendida.
La
Francmasonería tiene por objeto en particular
el estudio de las ciencias (48) y desde su primer
grado la iniciación lleva al conocimiento
de los astros como ciencia y simbolismo.
Además
del General Albert Pick a quien yo considero
como el iluminador de la masonería americana,
se ha distinguido Franck C. Higgins, grado 32,
Past-Master de New York, por sus artículos
sobre “El Zodíaco y la Francmasonería”,
y él está entre aquellos que se
han mostrado como verdaderos M.?. M.?., como
Stanislas de Gaeita, Eliphas Levi, Jean Marie
Ragon, etc.
Higgins,
en el Ancient Craft Masonery, art.VI, escribe
que: “La doctrina secreta de Egipto fue
el culto al universal Jehová fundado
pura y simplemente sobre las partes avanzadas
de las Ciencias básicas del Mundo Antiguo,
y, en particular, de la astrología, de
la geometría y de las matemáticas,
y lo que es más increíble para
nosotros y que es, sin embargo, la auténtica
ver
(48)
Según el Manual de la Francmasonería,
la definición de la Masonería
es: “Institución filantrópica,
filosófica y progresiva que tiene por
objeto el ejercicio de la beneficencia, el estudio
de la moral universal, de las ciencias y de
las artes así como la practica de todas
las virtudes”.
-100-
dad:
sobre los más altos conocimientos en
química, óptica, cirugía
E.
B. C. –Lección II Pág. 5
y
ciencias físicas, siendo obvio mencionar
la arquitectura, que en ninguna parte del mundo
en ningún período hasta nuestros
días, estuvo tan desarrollada como en
Egipto”.
Este
autor llega más lejos y con igual insistencia
en lo que respecta a los conocimientos antiguos
que es preciso recuperar: “La base apropiada
para el estudio científico de la Egiptología
no está aún plenamente aceptada
por millares de científicos, pero la
insistencia masónica ha previsto siempre
que Egipto fue el país de mayor desarrollo
de la Francmasoneria y que en sus caracteres
pictóricos de los cofres para momias
o en sus columnas esculpidas, tienen temas muy
importantes que guardaban escondidos bajo los
espléndidos camouflages de sus pomposas
ceremonias y de sus suntuosos establecimientos
sacerdotales”.
El
S.?.P.?.D.?.R.?.S.?. Franck Higgins deja traslucir
en sus textos un alto saber de esoterismo en
general y de iniciación masónica
en particular. El expone especialmente la división
del Zodíaco en relación con los
misterios egipcios así como el ojo de
Horus comparable a aquel del triángulo
vigilando a los Templos.
El
Poderoso Ojo-que-todo-lo-ve de la Masonería
es derivado del Ojo de Assur de los babilonios,
el cual tenía las pestañas repartidas
en tres grupos (de 3, 4 y 5 pestañas)
lo que ha dado nacimiento al símbolo
del triángulo, del cual veremos más
adelante su uso. Utchat, el Ojo de Horus, puede
asimilarse también a aquellos símbolos
de la visión todopoderosa, es decir,
de la fuente inmediata de la existencia caracterizada
por el Sol demostrando el infalible canon del
tiempo, del espacio y del número representado
por el célebre triángulo.
“Yug,
Yoga, Yoghismo”- Dr. Serge Raynaud de
la Ferrière
Versión
Dr. David Ferriz Olivares (Págs. 99,100,
101)
E.
B. C. –Lección II Pág. 6
(3)
Sobre
Astrología
La
Misión Aquarius enseña astrología
con el propósito de dar a conocer la
historia de la humanidad en su proceso evolutivo,
cosa que no tiene nada en común con la
horoscopía.
Se
trata aquí de la Astrología Religiosa,
ejemplificada por los Magos, adoradores de Jesús
(que personificaban la Astrología, la
Magia y las Ciencias Ocultas). Además
debemos citar algunos astrólogos, como
Aristóteles, Galeno, Plutarco, Pitágoras,
Tycho Brahe, Kepler, Santo Tomás de Aquino,
Roberto Fludd, o acudir a nombres que aclaran
mejor la seriedad de la astrología, ya
que sus representantes pertenecen al mundo religioso,
como el Abate de Sigonce, bibliotecario del
Cardenal Richelieu, quien se consagró
a ella. En todo caso sería suficiente
ver los prefacios de San Juan Jerónimo,
ordenados por los Papas Sixto V y Clemente III;
no obstante, seguiremos mencionando todavía
a los prelados San Denis, San Cesáreo,
San Malaquías, Obispo de Ptolomeos, Sinesius,
Nicephoro, Obispo de Constantinopla, Alberto
Magno (canonizado en 1934), demostrando de esta
manera que precisamente en nuestros días
no se debe condenar a los autores profanos de
la ciencia de los astros.
Igualmente
hay que exponer los nombres del Obispo de Ratisbona,
mejor conocido entre los astrólogos con
el pseudónimo de Regiomontanus, el Obispo
de Freissing, Leopoldo d’Autriche, el
Cardenal d’Ailly, los Cardenales Cusa,
Cajetán, Ingegnevi, Bernard de la Mirandole,
Obispo de Caserte, etc.
Por
lo tanto, uno no se puede sentir deshonrado
de estudiar astrología, después
del ejemplo de los dominicos Sovanarola, Campanella,
los franciscanos R. Lulio y R. Bacon, el benedictino
Trythme, los jesuitas Kircher, Postel, Torreblanca,
de Villapaude, Canón de Florencia, Firín,
Pierre Bungo, Cardenal Jerónimo Cardán
(médico de San Ch. Borromee), A. Sicler
(médico de C. de Neuville), el Arzobispo
de Lyons, etc., y así hay muchos más
que podrían mencionarse.
Propiamente
desde el punto de vista de lo individual la
astrología no incluye en absoluto ningún
determinismo; nos indica solamente los esfuerzos
indispensables para nuestra evolución
y aquella parte del libre albedrío que
se nos concede, a fin de poder vivificar nuestra
energía y dirigirla mediante el conocimiento
tanto de los periodos favorables, como de nuestras
capacidades y posibilidades.
Dios
es Omnipresente y esto nos obliga a estudiar
Su Presencia, tanto en lo infinitamente grande,
como en lo infinitamente pequeño. El
cielo es un gran libro, abierto por el amor
de Dios a la inteligencia del hombre.
“Los
Grandes Mensajes -Dr. Serge Raynaud de la Ferrière.
Versión
Dr. David Ferriz Olivares (Pág. 348 Ed.
Bogotá. 448 Ed. Diana)
E.
B. C. –Lección II Pág. 7
LA
HISTORIA
(4)
La
Astrología domina la historia de las
civilizaciones. Venerada en el transcurso de
los siglos por los más grandes genios,
filósofos, sabios, teólogos; renegada
oficialmente desde hace tres siglos, nos sitúa
ante un gran problema de la vida del espíritu:
¿Es una gran ilusión de la Humanidad
o un progreso para la ciencia admitida?
Es
costumbre ocultar nuestra ignorancia del lejano
pasado de la astrología bajo el mismo
cliché impregnado del misterio de la
creación: “Su origen se pierde
en la noche de los tiempos”. Una vez más
hemos de echar mano del consabido cliché,
pero también podemos remontarnos a muy
lejos en busca de .....
LAS
PRIMERAS HUELLAS
Es
imposible en el estado actual de nuestros conocimientos
determinar de modo preciso la época en
que nació la astrología. Los primeros
documentos importantes que poseemos nos enseñan
las observaciones de los astrólogos caldeos,
caldeo-asirios y babilonios durante el primer
milenio antes de nuestra Era de Piscis y probablemente
ya con anterioridad.
Uno
de estos textos fue hallado entre los millares
de tablillas de ladrillo cocido, escritas con
caracteres cuneiformes, procedentes de las ruinas
de la biblioteca de Asurbanipal, en Nínive.
Estas tablillas son conservadas en el British
Museum.
Otras
tablillas halladas en la biblioteca del templo
de Nipur, al sudeste de Babilonia, contienen
documentos entre los años 3000 y 450
antes de nuestra Era de Piscis.
En
cuanto a la primera obra de Astrología
que conocemos, data de la época de Sargón
de Agade (alrededor de 2750 a. de J. C.), contiene
una compilación de acontecimientos señalados
según los eclipses del sol.
356
a. C. los caldeos afirmaban que su astrología
databa de 4730 años.
En
aquella época lejana, encontramos la
astrología íntimamente ligada
a la mitología y asociada a un culto
astral.
Así
seguirá hasta la civilización
helénica.
Se
han dado las más diversas interpretaciones
acerca de esta conjunción astrología
- mitología.
También
le vemos asociada en los tiempos antiguos con
la religión.
Cada
civilización tendrá su mitología
y su religión astral, y la astrología
será simultáneamente una ciencia,
una poesía y un culto.
EN
CALDEA
Cuna
de la astrología.
Viendo
los hombres, el enlace entre los grandes hechos
relativos a la caza, pesca, migraciones, agricultura,
navegación y lo que ocurre arriba, la
marcha del sol y de los demás astros,
establecieron relaciones más intimas
entre los acontecimientos del medio cósmico
y los del medio terrestre. Así se edificó
un sistema de ideas acerca de las relaciones
existentes entre el curso de los astros y el
crecimiento de las plantas, entre las leyes
que regulan la vida de la naturaleza y del universo,
y las que regulan la vida de la humanidad.
El
principio de la astronomía caldea va
ligado a la idea de la regularidad de fenómenos,
por tanto a la noción de ley; esta regularidad
es medible y ligada a una posibilidad de previsión,
mediante el cálculo, dentro de un orden
astronómico natural, agrario y humano.
Esta
astrología hace aparecer una astronomía
ya científica, una religión astral,
de carácter mitológico, y una
adivinación supersticiosa.
Se
da a los astros un culto oficial, considerándolos
como reguladores divinos. Los planetas encarnan
divinidades, intérpretes de genios benéficos
o maléficos.
Todas
las ciudades de Caldea y de Siria tenían
su observatorio, en forma de torre o pirámide
de pisos, generalmente anexa a templos o palacios,
E.
B. C. –Lección II Pág. 8
donde
estaban los doctores de los colegios sacerdotales.
Todos
los actos importantes de la vida estaban subordinados
a los oráculos e interpretaciones astrológicas.
Entre
los temas astrológicos más antiguos
que se conservan señalamos el que hizo
levantar Asurbanipal en ocasión de una
guerra que emprendió contra Teumán,
rey de Susiana.
El
astrólogo caldeo más reputado
fue el historiador Beroce , contemporáneo
de Alejandro, que fue sacerdote de Bel en Babilonia.
Desde
Caldea, la astrología se propaga a Persia,
India, China, Arabia, Egipto y Grecia.
EN
EGIPTO
Cultivada
tardíamente, pero tuvo un ambiente religioso,
mítico. Es original de la astronomía
egipcia su carácter estelar y el ir ligada
a la crecida del Nilo: comienzo de la crecida
del Nilo, solsticio de verano, elevación
helíaca de Sirio.
La
creencia egipcia en el destino y el culto de
los dioses astrales debían conducir a
la astrología individual, al horóscopo
de nacimiento. Vestigios de semejantes trabajos
pueden encontrarse en Egipto 500 años
antes de C., mientras que horóscopos
semejantes no se hallan en Babilonia hasta 250
años A. C. (Kugler).
Los
egipcios nos han dejado gran número de
documentos, entre los cuales figura el zodíaco
de Denderah. Un papiro del British Museum representa
los fragmentos de un calendario astrológico
redactado bajo la XIX dinastía, ordenando
los días fastos y nefastos del año;
son los famosos “días egipcios”
pero estos presagios se inspiraban tanto en
la leyenda y los relatos mitológicos
como en los movimientos de los astros.
La
astrología quedó reservada a los
sacerdotes; Manetón, historiador y sumo
sacerdote de Heliópolis, fue el más
conocido de sus representantes.
EN
CHINA
Los
chinos introdujeron el zodíaco lunar,
adaptado a una astronomía ecuatorial
y no eclíptica, y su astrología,
nacida de la unión de la astronomía,
de la agricultura, del calendario y de la ley,
se convirtió en la base de un orden social:
el culto imperial del cielo. La idea central
de toda la organización imperial china
desde los primeros Tcheou es la de que el emperador
es el único hombre encargado de trasladar
a la vida social y moral de los hombres el orden
invariable de los movimientos celestes; es el
Hijo del Cielo.
El
orden del cielo era también el destino
del Imperio y el de cada individuo. Mediante
la ritual regularidad de sus movimientos, los
hombres debían imitar la inmutabilidad
de los movimientos celestes. La base del edificio
social era el culto imperial del cielo, por
el que la sociedad humana se armonizaba con
el orden celeste.
Una
concepción semejante reina todavía
en ciertos lugares de Asia y particularmente
en Indochina, donde el jefe del Estado, reconocido
por el pueblo, está investido de un “mandato
del cielo” y asume los destinos de su
país en razón de la relación
entre el macrocosmos y el microcosmos.
EN
INDIA
La
astrología constituye una de las raíces
de las principales filosofías, tanto
del Sankya, como del Vaiceshika, del Jainismo
y del budismo, con su doble tendencia a admitir
una vida de la naturaleza y una ley de necesidad
que impone a todos los fenómenos un ritmo
fatal. Aparecen también concepciones
astrológicas en el Yoga y en varios pasajes
de los Upanishands. Al igual que la idea de
filantropía de los estoicos en Grecia,
la aparición en la India y en China de
la idea del amor universal esta ligada históricamente
a la expansión de la idea de la ley astronómica
universal encadenando los acontecimientos celestes
y terrestres en un universo total mediante relaciones
válidas para todos los espíritus.
Entre
los HEBREOS
En
cambio, la astrología se consideró
de esencia demoníaca, y los profetas
se manifestaron enérgicamente en contra
de los judíos que la practicaban. Sin
embargo fueron muchos los cabalistas judíos
adheridos a su doctrina.
En
TÍBET
El
Lama astrólogo, hacía estudio
comparando dos horóscopos.
E.
B. C. –Lección II Pág. 9
El
Monoteísmo Islámico
Fue
contrario a la astrología, pero acabó
por adquirir también entre los árabes
un considerable impulso. La Biblioteca Nacional
y el British Museum guardan una considerable
cantidad de obras manuscritas en lengua árabe
relacionadas con este conocimiento.
Encontramos
igualmente vestigios de la astrología
en la AMÉRICA PRECOLOMBINA, en particular
entre los Mayas y Aztecas.
Parece,
pues, claro que toda la vida de las civilizaciones
antiguas ha estado dominada por la idea astrológica.
En todos los continentes las leyes del cielo
presiden la ordenación de la vida terrestre.
Los imperios se organizan en armonía
con las divisiones del cielo, de modo que su
estructura social refleje el orden cósmico.
En todas partes los templos y los altares son
una imagen del cosmos, y en Méjico, al
igual que en China, en Caldea y en Indochina
(Templo de Angkor) encontramos la pirámide
de siete terraplenes planetarios, orientada
hacia los cuatro puntos cardinales, desde la
que los astrólogos observaban los astros.
El calendario no es sólo natural, sino
también político. Los ritos sociales
forman parte de las leyes que el cielo impone
a la naturaleza entera. Lo mismo sucede con
las creencias y las costumbres. La religiones:
maniqueísmo, mazdeísmo, taoísmo,
principalmente, pero también el budismo,
el confusionismo y el mismo cristianismo, toman
raíces en el pensamiento astrológico.
Puede incluso adelantarse que la astrología
se confunde, al menos en cierto estadio, con
el esoterismo religioso de todas las antiguas
civilizaciones, a la vez que constituye el pensamiento
vivo de aquellas lejanas sociedades.
EN
GRECIA
Gozó
de un gran auge. Pitágoras: iniciado
en Babilonia y en Menfis, contribuyó
a su difusión y edificó toda una
filosofía sobre la armonía de
las esferas.
El
Padre de la Medicina, Hipócrates: precisó
la acción de los astros en la producción
de las enfermedades, y fundó su doctrina
de los “días críticos”,
basada en las fases de la Luna. Galeno: afirmará
la importancia del factor astral en patología.
Platón: se dejó penetrar por el
pensamiento astrológico en su concepción
del mundo, y Aristóteles: lo apoyó
con su autoridad: “Este mundo esta ligado
necesariamente a los movimientos del mundo superior.
Toda potencia, en nuestro mundo, está
gobernada por estos movimientos”.
Plotino:
pasará a la Historia como uno de los
teóricos más grandes de la astrología,
y Porfirio: dará su nombre a un sistema
de división astrológica del cielo.
De un modo general podemos afirmar que pitagóricos,
platónicos, estoicos en especial, neopitagóricos
y neoplatónicos afirman filosóficamente
la posición de la astrología.
Hiparco: el grande entre los grandes de la astronomía
griega, creía firmemente en el “parentesco
de los astros con el hombre, y que nuestras
almas son parte del cielo”. El lugar de
honor recae en Claudio Ptolomeo: (siglo II),
que reinó sobre la astronomía
hasta la época de Copérnico; su
“Tetrabiblos” es una compilación
de todo el saber astrológico de su tiempo;
esta discutida enciclopedia había de
ser traducida a todos los idiomas y serviría
de programa a los astrólogos durante
quince siglos. Dio impulso fundamentalmente
a la astrología europea.
La
religión astral helénica concibió
unas entidades espirituales perfectas e inmortales,
a la que están ligadas una cosmogonía
de profundo pensamiento y una doctrina de correspondencias
(doctrina de la simpatía universal, de
la unidad del cosmos y de la interdependencia
de todas las partes de este vasto conjunto)
que constituyen, aún hoy, los fundamentos
de la astrología
La
influencia astrológica ha señalado
con su sello la tragedia de Esquilo, de Sófocles
y de Eurípides. Ha inspirado la obra
de Homero.
La
arquitectura y la escultura han sido ejecutadas
bajo el signo de la mitología y del culto
astral. El valor simbólico de la astrología
figura detrás de los santuarios y templos:
Zeus, Poseidón, Hades ... las obras maestras
ilustran las divinidades astrales, que no son
más que los prototipos humanos de todos
los tiempos. El sueño astro-mítico
de los orígenes, engendra aquí
las más prestigiosas creaciones del arte
y de la cultura.
E.
B. C. –Lección II Pág. 10
EN
ROMA
Por
largo tiempo la astrología fue una astrología
natural, encargada de prever el tiempo y los
fenómenos de la naturaleza. Se extendió
después para llegar a ser una astrología
de Estado, dedicada a la previsión de
los acontecimientos políticos, guerras,
paz, epidemias, hambres y hechos que afectasen
a la persona de los soberanos.
Vino
a continuación el reinado de la astrología
individual “genetlíaca”,
que tubo por objeto efectuar el horóscopo
de cada individuo. Esta democratización
se realizó particularmente en Grecia.
Bajo el Imperio Romano los astrólogos
degeneraron y no aparecen ya, sino como charlatanes.
Sin embargo Varrón y Figulus: pusieron
al alcance del público las reglas de
la ciencia, de los que se llamaban entonces
los matemáticos. En sus “Geórgicas”,
verdadero almanaque astrológico, Virgilio
pone su poesía al servicio de la astrología
natural. Manilio canta en su “Astronomicón”
las bellezas del cielo y celebra la astrología
como una revelación divina. Séneca
le consagra una parte de sus “Cuestiones
Naturales y cree en la influencia de los astros
en nuestros destinos. Pero el astrólogo
latino más importante fue Firmicus Maternus;
(siglo IV), escribió 8 libros sobre astronomía
y astrología; compilador de las obras
orientales, egipcias y griegas, constituirá
el puente entre Ptolomeo y la astrología
occidental del siglo XVI. Cicerón: negó
la astrología y fue su adversario.
Las
grandes familias romanas y los emperadores tenían,
en su mayor parte, su propio astrólogo
titular. Los César utilizaron también
astrólogos, pero no se privaron tampoco
de perseguirlos. Al fin de su reinado, Augusto
la prohibió y Diocleciano condenó
su ejercicio.
LOS
ÁRABES
En
la Edad Media la astronomía y la astrología
estaban abandonadas en Europa, los judíos
y los árabes fueron los depositarios
de los procedimientos de adivinación.
No obstante, la escuela de Salerno dio un esplendor
sin procedentes a la astrología médica.
El gran Albategnius, el más famoso de
los astrólogos árabes, redacta
un “Tratado de las ventajas de la Astrología”
y funda un sistema de división astrológica
de la esfera terrestre. Varios otros astrónomos
y filósofos, escriben y exponen diversos
métodos técnicos.
Pero
la astronomía y la astrología
no progresan durante este periodo (siglos IX
- XII); incluso se hundirá en recetas
mágicas y en superstición.
LA
IGLESIA
La
astrología no ha dejado de preocupar
a la Iglesia y a sus representantes. El cristianismo
queda marcado por ella desde su nacimiento.
San
Dionisio Areopagita: primer obispo de Atenas,
y San Cesáreo admiten la astrología;
San Jerónimo: “Me callo sobre los
filósofos, los astrónomos, los
astrólogos, cuya ciencia, muy útil
a los hombres, se afirma por el dogma, se explica
por el método y se justifica por la experiencia”.
San
Agustín ha consagrado a la astrología
unas 30 páginas de sus “Confesiones”
(libros IV y VII) y de “La Ciudad de Dios”
(libro V); creyó en ella durante su juventud
y luego la combatió, no obstante deja
prudentemente la puerta abierta.
Ciertos
concilios colocarán Incluso la astrología
entre las ciencias malditas, como la magia y
la nigromancia; sin embargo reaparecerá
en la predestinación cristiana, como
por ejemplo: “La vida es sueno”
de Calderón sacerdote católico
y autor de obras religiosas.
Alberto
Magno volverá a emprender el estudio
de la astrología y la hará conocer
a Santo Tomás de Aquino gran teólogo
de la Iglesia de Occidente, en la “Suma”:
“Las
impresiones que producen los cuerpos celestes
pueden extenderse indirectamente a las facultades
intelectuales y al poder volitivo del mismo
modo que éstas están bajo la influencia
de las funciones orgánicas. Sin embargo
esto se aplica menos a la voluntad que a las
facultades de la mente, porque la inteligencia
acepta necesariamente una impresión de
los sentidos, mientras que la voluntad no sigue
necesariamente las inclinaciones y los apetitos
inferiores”; incluso admite que “el
conocimiento de las causas permite hacer previsiones,
gracias a la relación natural que liga
los efectos a las causas”; añade
que, el pronóstico de acontecimientos
naturales que deriven de la posición
de los astros, no es
E.
B. C. –Lección II Pág. 11
adivinación,
sino sabiduría y ciencia.
Los
papas León III, Silvestre II, Honorio
III, Urbano V, amigos y protectores de los astrólogos;
y el Concilio de Trento prohibirá la
astrología individual, aunque autorizando
la astrología natural.
La
Iglesia Católica no ha sido nunca adversaria
por principio de la astrología, pero
se ha reservado, bastante legítimamente,
respecto a sus practicantes.
CONQUISTA
DEL OCCIDENTE
A
partir del siglo XI le está reservada
a la astrología una gran prosperidad.
Dante:
su “Divina Comedia” es una epopeya
cosmológica.
Roger
Bacon el “doctor admirable”, la
conoce muy bien. Alfonso X rey erudito, aprende
este conocimiento de Alcabizio y hace construir
las “Tablillas alfonsinas” de doble
uso, astronómico y astrológico.
Campano: da su nombre a una teoría de
la esfera astrológica, y el cardenal
Pedro de Ailly se sitúa como gran astrólogo.
Paracelso:
médico, astrólogo y alquimista
suizo (1490 - 1541), cuyos descubrimientos en
Medicina son prodigiosos, el “medico maldito”
pretende curar utilizando el simbolismo astrológico;
su concepción hermética de la
astrología le hace un gran teórico,
dentro de la escuela de Plotino, que ejerce
una influencia decisiva sobre los astrólogos
actuales.
El
gran astrónomo Juan Müller: al que
se vinculó el rey de Hungría Matías
Corvino. Su nombre va asociado a un sistema
de división astrológica del cielo.
Anunció con más de 3 siglos de
anticipación, un gran terror para 1788.
Lucas Gauriac: profesor de matemáticas
en Ferrara, debió a la astrología
el ser obispo, protegido de los papas: Julio
II, León X, Clemente VII y Pablo III;
Catalina de Médicis le pidió el
horóscopo de Enrique II.
Copérnico:
estuvo toda su vida ganado para la astrología,
según los documentados estudios del profesor
L. A. Birkenmejer, de la Universidad de Cracovia.
Jerónimo
Cardan: fanático de la astrología.
!Se dice incluso que se dejo morir de hambre
para justificar el pronóstico de la fecha
de su muerte! Miguel de Notredame (llamado Nostradamus,
1503 -1566), es el más célebre
de los astrólogos (francés); el
profeta inmortalizado por sus “Centurias”,
autor de “Almanaque”; Catalina de
Médicis lo hizo llamar a su corte y fue
médico ordinario del rey.
Calvino
es uno de los más encarnizados despreciadores
de la astrología. Las obras mas importantes
son las de Oger Ferrier y las de Francisco Junctin,
superior de la Orden de los Carmelitas, que
publicó 2,500 páginas sobre los
conocimientos de aquel tiempo.
Carlos
V: llamado el “sabio”, fue un admirador
de la astrología e hizo edificar para
su astrólogo una casa que denominó
“Colegio del maestro Gervasio”.
Luis XI, tuvo a Galeoti. Luis XIII, fue llamado
“el Justo”, porque se hallaba bajo
la influencia del signo de la Balanza.
El
gran Tycho -Branhe fue un astrólogo convencido.
Su curso público de astronomía
en Copenhague fue una apología inteligente
de este conocimiento, en el que lamentaba encontrar
demasiados incrédulos. El emperador Rodolfo
II, que interpretaba por si mismo los temas,
le hizo llamar a su lado y calcular las “Tablas
rodolfinas”, que Képler continuaría.
Sin embargo fue más teórico que
práctico.
Jean
Képler: uno de los mayores genios y uno
de los más grandes astrólogos,
el creador de la astrología moderna.
Combatió siempre la astrología
vulgar, depuró la tradición, rechazando
datos sospechosos; hizo prevalecer los aspectos
planetarios en la interpretación (posición
mantenida ahora). Afirmó siempre sus
opiniones sobre las cosas que se había
molestado en comprobar y terminó por
declarar: “veinte años de estudio
prácticos han convencido a mi espíritu
rebelde de la realidad de la astrología
“.
La
última gran figura de la astrología
es Juan Bautista Morin (1585 -1656), médico
y profesor de matemáticas en el Colegio
de Francia. Fue después de Képler,
el fundador de la astrología moderna
y dejó una extensa obra en 26 libros:
la “Astrología Gallica”.
Erigió el tema de Gustavo Adolfo, rey
de Suecia, de Wallenstein; fue consultado por
Richelieu, para erigir el horóscopo de
Luis XIV; Mazarino le concedió una pensión.
Galileo:
mantuvo siempre un interés constante
por los problemas astrológicos, sin dedicarse,
no obstante, a la práctica de este arte.
E.
B. C. –Lección II Pág. 12
A
pesar de estas posiciones, no tardó en
dibujarse una invencible declinación.
A partir del siglo XVII la astrología
ya no encontrará la adhesión más
o menos generalizada de los sabios, y los astrólogos
se hallarán aislados y cada vez más
raros, siendo objeto de numerosos ataques. Newton
declara, al matricularse en Cambridge, que quiere
estudiar matemáticas a fin de ver qué
hay de fundado en la astrología. Ignoramos
el resultado de este examen, pero sabemos que
jamás publicó nada en contra de
ella.
En
cuanto a Leibniz, considerará a la astrología
como una simple ilusión, sus declaraciones
y las de J.- D. Cassini, a final del siglo XVII,
aportan el signo más evidente de esta
decadencia; Cassini declara que solamente la
astronomía merece interés; mientras
tanto es un partidario secreto de la astrología.
Bode,
que dirigió durante 50 años el
Observatorio de Berlín, se ocupó
de la cuestión hasta el punto de traducir
y comentar la importante obra astrológica
de Ptolomeo.
Otra
forma de declinación va ligada a lo que
se podrá llamar la mundanización
de la astrología, en manos de personajes
más o menos charlatanescos.
De
todos modos no pierde enteramente sus derechos,
puesto que en el Siglo XIX vemos al gran Goethe
proclamar su fe en la ciencia de los astros.
(“Poesía
y Verdad”, Cáp. I).
Nadie
podría decir mejor que Balzac: “La
astrología es una ciencia inmensa que
ha reinado sobre las mayores inteligencias”.
LA
CONDENACIÓN
Tiene
sus raíces en la condenación del
sistema geocéntrico de Ptolomeo, del
cual es una aplicación la carta del cielo
astrológico. Copérnico (1473-1543):
sistema heliocéntrico; Képler
(1571- 1630): enuncia sus dos primeras leyes;
Galileo (1564- 1642): apunta su primer anteojo
hacia el firmamento. Es satisfactorio constar
que las convicciones astrológicas de
estos autores no se debilitaron en absoluto.
Ya Pitágoras (Siglo VI a. C.): que introdujo
la astrología en Grecia, enseñaba
la esfericidad de la Tierra y la del Sol, que
los planetas giraban alrededor de éste
último, que las estrellas son otros tantos
soles... Estas consideraciones astronómicas
“heliocéntricas” no modificaron
para nada la teoría astrológica.
Si deseamos estudiar la relación del
medio cósmico sobre nosotros los terrestres,
es preciso que consideremos la configuración
del sistema solar según la perspectiva
geocéntrica. Sólo un desconocimiento
profundo de la astrología pudo hacer
que sus fundamentos se declararan falsos por
el hecho de que reposa en una concepción
astronómica errónea. Esta falsa
interpretación debe ser atribuida a todo
un movimiento de opinión. Si tuvo tan
gran resonancia que perduró hasta el
siglo XX, es por que respondía a una
actitud general del pensamiento científico,
con tendencia a una conquista extrovertida del
mundo.
Todo
se junta. Con ocasión de los envenenamientos
de la famosa Brinvilliers, algunos astrólogos
fueron sospechosos y no escaparon a una pena
solicitada por el severísimo La Reynie,
(célebre lugarteniente de la policía
real), y a los terribles arrestos y suplicios
de la llamada Cámara Ardiente.
El
gran golpe se da en 1666, en que Colbert funda
la Academia de las Ciencias, prohíbe
expresamente a los astrónomos ocuparse
de astrología, se efectúa la ruptura,
la astrología es abandonada, renegada,
pero sin que se haya hecho su proceso científico.
Cada historia de la astronomía esta llena
de reproches, de críticas, de burlas,
en todo lo que se refiere a los astrónomos
- astrólogos. Cada astrónomo dirá
el mayor mal de la Astrología, pero ninguno
buscará jamás verificarla, cosa
que sólo puede hacerse mediante estadísticas.
La inhumación de la Astrología
ha tenido, pues, lugar, bajo el signo del cartesianismo
científico y filosófico. El mismo
Descartes, es por lo demás, el símbolo
de este cambio; admitió durante cierto
tiempo la verosimilitud de la hipótesis
astrológica, pero en su “Discurso
del Método”, la condenación
es formal.
El
ataque es general. Es La Fontaine quien nos
da una imagen ingenua del astrólogo.
Moliere:
la emprende con los médicos, boticarios
y astrólogos y “lectores de horóscopos
quienes, por sus predicciones engañosas
se aprovechan de la vanidad y de la ambición
de los espíritus inocentemente crédulos”
(El amor que cura).
E.
B. C. –Lección II Pág. 13
En
el siglo de las luces, el combate es decisivo,
la exterminación radical.
Diderot
dice lo que piensa de la astrología en
“La Enciclopedia”, en el artículo
“Caldeos”. Pero su conclusión
no queda menos matizada, a juzgar por este texto
relativo a la palabra “astrólogos”.
Pero
el adversario más tenaz fue Voltaire,
quien, en este dominio como en muchos otros,
se mostró sarcástico; (“Diccionario
filosófico”).
Comte
sólo hablará de las “atrayentes
quimeras de la astrología”, sin
hacer de ellas un examen verdaderamente positivo.
Lalande
declara: “He hecho observar, hablando
de la astrología, cuanto debía
satisfacernos el haber perfeccionado la astronomía
hasta librar a los hombres de esta miserable
imbecilidad de la que fueron tanto tiempo juguetes”
... (“Astronomía”, t, I,
pref.).
Para
Baylli: “es la enfermedad más larga
que ha afligido a la razón humana”....
(“Historia de Astronomía antigua”).
Arago:
“La astronomía ha disipado mil
prejuicios. Ha cambiado y reducido a la nada
a la astrología judicial, he incluso
a la astrología natural”.... etc.
Sin
embargo, es preciso rendirse a la evidencia:
La astrología no ha muerto.
EL
RENACIMIENTO
Es
un hecho que la Astrología esta en pleno
renacimiento; goza del favor y del interés
del público, y gana cada vez más
terreno. “El fenómeno astrología”
es un proceso social que se integra en un proceso
histórico más general, en unión
con la revolución científica y
cultural a la que asistimos desde hace medio
siglo. En efecto, en el momento de la exhumación
de la astrología, durante los últimos
años del siglo pasado, se produce una
agitación del espíritu científico.
El universo adquiere de improviso nuevas dimensiones,
con la extensión desmesurada del dominio
de las ciencias.
En
este estallido podría muy bien encontrar
sitio la astrología; podría precisamente
integrarse en el pensamiento científico
al lado de las nuevas adquisiciones que le proporcionan
armas nuevas e imprevistas, y que, en lugar
de volver la espalda a la investigación
astrológica, le da una ocasión
innegable.
Si
los símbolos y los mitos primitivos que
animaban a la astrología sólo
eran, como corrientemente se cree, errores de
juicio, deberían quedar, después
de largo tiempo, caídos en el olvido.
Sin embargo, sobreviven a través de los
tiempos y nacionalidades, porque en ellos yace
un sentido profundo que encuentra siempre una
resonancia en el mismo corazón del hombre.
El historiador y crítico alemán
Boll lo ha sentido bien cuando concluye así:
“La
astrología está muerta en la medida
en que, con medios inadecuados, intentaba ser
una ciencia; pero lo que fue antiguamente la
causa primera y el sentido de que surgiera de
la nada continúa sobreviviendo y reaparecerá
siempre en la aspiración indestructible
de la naturaleza humana hacia una imagen sintética
del mundo y hacia el reposo del alma dentro
del cosmos universal”.
Las
excavaciones de Egipto, ordenadas por Bonaparte,
y que debían conducir al descubrimiento
y desciframiento de los jeroglíficos
por Champollion y sus sucesores, constituyeron
uno de los impulsos decisivos que habían
de llevar a reemprender los trabajos astrológicos.
Lo mismo que las indagaciones efectuadas en
Oriente a mitad del siglo XIX (tablillas de
la biblioteca de Nínive). Únicamente
en los diez últimos años del siglo
pasado se comenzó a examinar estos textos
bajo el aspecto filológico e histórico.
Pero
el racionalismo de los investigadores no preparados,
rehusaron la astrología condenándola
a priori, y su renacimiento tiene lugar dentro
del cuadro general de una especie de renovación
desordenada del ocultismo que, bastante bruscamente,
tuvo lugar poco antes del 1900.
A
pesar de todo, estudiosos como el abate Nicoullaud,
bajo el seudónimo de Fomalhaut, es uno
de los primeros en presentar, en 1897, un libro
de astrología destinado a la verificación
de las enseñanzas de Ptolomeo.
Pero
los verdaderos precursores fueron, en Francia,
los politécnicos Paul Choisnard (Flambart)
y Eugenio Caslant, así como Enrique Selva,
y en Alemania Von Kloecker. Buscaron - sobre
todo el primero, que es el gran innovador del
grupo - verificar y luego demostrar el determinismo
astral con
E.
B. C. –Lección II Pág. 14
la
ayuda de estadísticas.
Esta
fase de roturación fue seguida de un
periodo de actividad bastante intensa entre
las dos guerras.
El
principal cambio se sitúa entre 1927
y 1935. La astrología comienza a dar
que hablar, la gran prensa se ampara en ella
y asistimos al comienzo de los horóscopos
cotidianos en los diarios. Aparecen las primeras
revistas técnicas de investigadores.
Se forman sociedades; es principalmente en Alemania,
en Francia y en Bélgica que se aporta
el mayor esfuerzo tanto en lo referente a las
investigaciones como a las publicaciones; Austria,
Holanda, Suiza, incluso Polonia, tendrán
su movimiento astrológico activo. En
Gran Bretaña: La Logde de Londres, de
Charles E. O. Carter; en Estados Unidos: la
“American Federation Of Astrologers”;
el “Colegio Astrológico de Francia”.
Se
establecieron contactos entre los astrólogos
y las asociaciones de los diversos países,
y tuvieron lugar una serie de congresos internacionales.
El primero se celebró en Wiesbaden en
1931.
La
obra de los astrólogos serios de entre
las dos guerras ha consistido sobre todo en
reunir materiales y observaciones, en agrupar
los elementos esparcidos a fin de empezar a
redondear la unidad de su cuerpo de doctrina.
El esfuerzo se ha orientado en direcciones diversas:
estadísticas de control y de encuesta
(Choisnard, Krafft...), investigaciones históricas
y traducciones (H. Selva ...) interpretación
general, aplicaciones psicológicas (Dr.
R. Allendy...) y médicas, bursátiles
y económicas; relaciones entre la religión
y la astrología (abate A. Blanchard),
etc. La revista “Los cuadernos astrológicos”
de A. Volguine, servirá a este esfuerzo
a partir de 1937.
La
segunda guerra dislocó el movimiento,
pero luego fue reemprendido, constituyéndose
nuevas sociedades, se editan obras especiales,
se organizan reuniones y se dan cursos.
Al
margen del esfuerzo desinteresado, el charlatanismo
causa el peor mal a este conocimiento.
La
renovación no dejo de suscitar ataques
del mundo científico, pero si bien la
astrología tiene adversarios decididos,
encuentra el apoyo de muchos partidarios, simpatizantes
y numerosos sabios.
M.
Paul Couderc, codirector del observatorio de
París ha expuesto su punto de vista en
un volumen de la colección “Que
se yo” titulado “La Astrología”,
esta obra que es un modelo en su genero nos
servirá más adelante para refutar
las críticas de todas las épocas.
Son
muchos, por otra parte, los psicoanalistas,
psicólogos, y médicos que la practican;
uno de los más representativos es el
gran psicólogo C. G. Jung, quien declaro
hace algunos años: “Si personas
que gozaban de una mediocre instrucción
han creído hasta estos últimos
años que podían burlarse de la
astrología considerándola liquidada
desde hace mucho tiempo, esta astrología,
remontándose desde las profundidades
del alma popular, se presenta hoy de nuevo a
las puertas de las universidades que abandonó
hace trescientos años”.
Declaraciones
favorables de los astrónomos: Ch. Nordmann,
del Observatorio de Paris; M. L. Filippoff,
del Observatorio de Argelia. Varios profesores
de la Sorbona; Alexis Carrel, que había
fundado un centro de investigaciones astrológicas
en el departamento de biotipología de
su Instituto, Jean Cocteau, etc...
En
Política
Se
sabe que la astrología gozó de
una posición privilegiada bajo el régimen
del tercer Reich en Alemania.
La
astrología evoluciona al margen de las
Universidades, que no se ocupan de ella. No
obstante, desde hace algunos años, se
ha emprendido una tentativa de verificación
oficial e imparcial. El profesor Doctor H. Bender,
de la Universidad de Fribourg en Alemania, ha
fundado un Instituto de investigaciones científicas,
al cual esta afiliada la Sociedad de Parapsicología,
en colaboración con la Universidad de
Fribourg, esta en curso una verificación
de los pronósticos y diagnósticos
de los astrólogos alemanes. Un Instituto
análogo se organiza en el Instituto de
Psicología de la Universidad de Utrecht
en Holanda, bajo la dirección del profesor
J. Van Lender. Actualmente la astrología
esta siendo estudiada por científicos
de diversas especialidades.
BIBLIOGRAFÍA:
“Defensa e Ilustración de la Astrología”-
André Barbault.
.
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